Hace algunos días estuve de peregrino en la Basílica de Guadalupe, después de acolitar en la misa y renovar mi plegaria, mi penitencia y mi purificación, salí a comer por ahí cerca, iba de sotana... Encontré un buen local de comida casera frente a las escaleras de la estación del metro y me dispuse a comer.
Entre el tumulto de los vendedores, de los artículos religiosos, discos de música, tortas de tamal y otras tantas barbaridades, comenzó, poco a poco, a notarse señor sentado en el suelo en medio de un cuadrado que había marcado con un gis (como de 2 m²) y comenzó a atraer la atención de los que pasaban por ahí con un par de serpientes, pues jugaba con ellas y prometía qué hacían magia.
No dejaba de hablar, explicaba las bondades de sus serpientes, bromas, tonterías, chistes, etc.… Se fue reuniendo la gente que seguramente no tenía cosas por hacer, algunos duraban dos minutos esperando y se iban, a otros les comía su curiosidad y se quedaba a ver el show. El señor, en el suelo y sin mirarlos a la cara, seguía haciendo tiempo y ahora sacó una baraja de cartas, y dijo que la serpiente iba a elegir la que él estuviera pensando y cosas de ese estilo; seguía hablando, ni un segundo se callaba, como un vil perico... esperando a que se reuniera un poco más de gente.
Después de estar viendo el espectáculo durante más de media hora ya me había hartado de hacerme el espía o el 'Sherlock Holmes' pues yo veía todo con detenimiento a un par de metros mientras comía. Justo me iba a ir pero en eso, vi un poder impresionante de manipulación o casi y de hipnotización, el señor les pidió acercarse un poco más para que queden dentro del cuadrado de gis y prácticamente todos lo hicieron, algo en su interior no podía dejarlos con la duda de qué sucedería, algo los movía estrepitosamente a dar un paso adelante.
El teatro no paró, la gente permanecía de pie y no pasaba nada 'mágico'. No sé de donde salió, pero otro señor apareció en escena y era parte del espectáculo. Los dos ahora hablaban en voz alta como si solo conversaran los dos, uno estaba sentado en un bote de pintura con los ojos cerrados y el otro iba pasando con la gente y -supuestamente- el que tenía los ojos cerrados adivinaba la ropa que traía puesta la gente, eso bastó para que el público se fascinara y les creyeran todo lo que decían; después comenzó la parte emocional : '¿Cómo le va en su vida?, ¿es usted feliz?, ¿ha tenido decepciones de amor?' y cosas así. Los señores les pidieron que les dieran unas monedas que después les iban a regresar, la gente cayó de nuevo en el juego y se iban ganando su confianza. Después de mucho de este cuento, la gente terminó dándoles billetes y besos en las manos, vi incluso billetes de $500ºº, yo estaba impactado por la capacidad de manipulación de esta mafia (porque no merecen llamarse de otra manera) y 'la gran fe' de las víctimas, he aquí el tema de mi artículo.
La iglesia en el mundo celebra y vive el Año de la Fe, un tiempo de gracia para volver a los principios más elementales de la vida Cristiana. Por todos lados nos repiten el Credo, nos recuerdan que hay que creer en la misericordia de Dios, nos insisten en ver todo con los ojos de la fe, pero... ¿En realidad hace falta fe? Yo creo que no, yo vi un montón de gente creer en unos desconocidos, yo vi una gran esperanza en sus ojos, yo veo todos los días que las personas estamos hechas para creer.
Es cierto que podemos diferenciar a la fe natural de la fe en Dios, la fe trascendente, pero ¿no nacen 'estas dos' dentro del corazón el hombre? ¿Qué sería la fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo si no hubiera en mí, de manera natural, la ilusión de 'un mañana'? ¿Qué acaso no estaban esas personas en la calle buscando a Dios?
El Santo padre Benedicto XVI nos ha dicho al inicio del año de la fe: "El deseo humano tiende siempre a determinados bienes concretos, a menudo de ningún modo espirituales, y sin embargo se encuentra ante el interrogante sobre qué es de verdad «el» bien, y por lo tanto ante algo que es distinto de sí mismo, que el hombre no puede construir, pero que está llamado a reconocer."
Creo entonces, que la mayor tarea en este 'Año de la Fe' está dentro de nosotros mismos. Es necesario que la Iglesia sepa presentar a Cristo, es necesario que los jóvenes demos testimonio con nuestra vida, es necesario que no nos demos tregua ni sueño por acercar a los demás a 'algo', que es un Alguien, que promete más que esta mafia de las serpientes. La gente está dispuesta, más de lo que imaginamos, el mundo necesita una respuesta y la Iglesia la tiene. El mensaje está dado, Cristo sufrió, murió y resucitó por ti y por mi, no necesitamos desvirtuar la figura de Cristo o de la Iglesia, necesitamos convencernos de que la fe sin obras, vana es.
Si, hace falta mucha fe, fe en Dios, anhelo de santidad, vida de gracia; hacen falta muchos trabajadores en su mies, hace falta imaginación y creatividad, hace falta esperanza; pero hace falta solamente que te decidas por orar como si todo dependiera de Dios y por trabajar como si todo dependiera de ti.
Termino retomando de nuevo al Santo Padre que extrañaremos tanto en un par de días: "El hombre, en definitiva, conoce bien lo que no le sacia, pero no puede imaginar o definir qué le haría experimentar esa felicidad cuya nostalgia lleva en el corazón."
andres.gomez@ccr.org.mx

No hay comentarios:
Publicar un comentario en la entrada