2- El
mandato a reconstruir la Iglesia
En
sueños, Dios le manifestó a Francisco su vocación. <<Ve y reconstruye mi
iglesia>>, esas fueron las palabras que Dios dirigió a Francisco. ¿Qué
podría hacer un hombre tan pequeño, un mendigo? Francisco, malinterpretando las
palabras de Dios, tomo la decisión de reconstruir la Iglesia de San Damián;
después del juicio, él comprendió que no era esa la voluntad de Dios… sino que
Dios le pedía que, con su ejemplo de vida, con la nueva orden que Dios le
mandaba fundar, era como debía reconstruir la Iglesia. El Papa Inocencio III, en el
primer encuentro que tuvo con Francisco, lo mandó echar del palacio de Letrán;
pero esa misma noche, Inocencio III tuvo un sueño, vió la Basílica de Letrán
peligrosamente inclinada, era inevitable que se cayera; pero alguien había ahí
que la detenía, la enderezaba, un hombrecillo vestido con un sayal parduzco, él
sabía que lo había visto antes.
El Papa
comprendió que Francisco, con su nueva regla, era el enviado por Dios para
reconstruir la Iglesia. Al siguiente encuentro que tuvieron, el Vicario de
Cristo, entrevistó a Francisco, y al final de la entrevista, su regla fue
aprobada. Francisco había logrado que el Sumo Pontífice reconociera su regla, aprobara su
predicación, y que su comunidad pudiera vivir tal como él quería.
A esta
misión se sumó santa Clara, a quien Francisco conquistó con su ejemplo de vida,
ella fue la fundadora de las “damas pobres”, era así como la gente las conocía.
Mujeres que comenzaron a vivir en conventos bajo la misma regla de Francisco,
que con su gran testimonio también contribuyeron a la renovación de la Iglesia.
Las “Florecillas” narran muchos grandes acontecimientos, que Francisco
logró con su santidad y su prédica, acontecimientos que contribuyeron a la
renovación de la Iglesia. Aunque su más grande obra es la misma fundación de su
orden, ya que de la orden salieron grandes santos como Antonio de Padua,
Maximiliano Kolbe, Buenaventura, Felipe de Jesús, Pío de Pietrelcina, entre
otros… Santos que con su ejemplo hicieron un gran cambio al mundo, aunque ya el
mismo Francisco hizo grandes maravillas, como se narra en las “Florecillas”: la
curación de un leproso en cuerpo y alma, la conversión de algunos ladrones, la
conversión de muchos ricos que abandonaron todo y se unieron a la orden, el
sermón a las avecillas, la prédica que hizo al sultán Al-kamil y su viaje a
Tierra Santa, sólo por mencionar algunos ejemplos. La santidad de Francisco ha
producido, y seguirá produciendo en la Iglesia innumerables frutos.
3- Su
identificación con la Cruz.
Se dice
que la vida de un santo es la perfecta imitación de la vida de Nuestro Señor
Jesucristo. A través de la historia la Iglesia ha tenido muchos santos, uno de
los más recordados es san Francisco de Asís. Su vida fue una perfecta imitación
de Cristo, él fue realmente un vitral por el que la luz de Nuestro Señor paso
claramente, cuando la gente lo miraba no podía hacer otra cosa que rendir honor
al Señor por las maravillas que había obrado en Francisco. Francisco fue un
gran imitador de Cristo a tal grado que lo siguió por el camino de la Cruz; pues
él sabía perfectamente que la única manera de llegar a la gloria es a través de
la Cruz, la Cruz de Cristo.
Como
diría san Agustín: Nadie ama lo que sufre, aunque ame el sufrirlo. Francisco
era feliz con la pobreza, sí, pero no por eso no sufría; él amaba el sufrir por
Cristo. Por eso es que sus sufrimientos tenían sentido, él vivía con los ojos
puestos en la Cruz.
Desde el
momento en que sus compañeros creyeron que era un cobarde por regresar a Asís y
abandonar la guerra, sus sufrimientos comenzaron. Encontraba la incomprensión
de sus amigos, ellos no entendían que hacer la voluntad de Dios no es nada
fácil y muchas veces trae el rechazo de los hombres; pero esto no le importó a
Francisco. Al aceptar su amor por la dama pobreza, le trajo más rechazo de la
gente, sus mismos hermanos muchas veces no le comprendieron; Francisco sufrió
mucho cuando tuvo que modificar su regla porque no todos en la orden podían
vivir el género de vida que la regla imponía, pero por el bien de sus hermanos
tuvo que hacerlo. Francisco vivió como Cristo, con respeto a las autoridades,
tanto eclesiales como civiles, claro ejemplo de esto es la necesidad, que
Francisco tenía, de la aprobación del Papa para poder vivir su regla. También
en su viaje a Tierra Santa respetó la autoridad del Sultán Al-Kamil, a quien
pidió permiso de poder visitar los lugares sagrados y de evangelizar sus
tierras; se dice que el Sultán se convirtió al cristianismo, pero por
cuestiones políticas éste no se hizo bautizar. A Francisco no le importó si hubiera
sido necesario derramar su sangre para poder hablar con el Sultán, y la
conversión del mismo no la logró sólo argumentos, sino con su testimonio y
coherencia de vida, su disposición al martirio por amor a Cristo. Incluso, a su
regreso, Francisco dijo a Fray Elías: << ¿Acaso un argumento puede hacer
crecer el amor? >>
Francisco
supo llevar a término todos estos sufrimientos, soportó todo con alegría, y
tuvo su gran culmen en el monte Alvernia: la estigmatización, las cinco llagas
de Nuestro Señor Jesucristo se imprimieron en su piel. Francisco tuvo una
aparición seráfica, Cristo mismo fue quien se apareció a Francisco, fue Él
mismo quien otorgó sus llagas al pobrecillo de Asís y dio algunas promesas a
Francisco. Según se narra en las Florecillas, Jesús dijo: <<como yo bajé
al limbo el día de mi muerte y saqué de él a todas las almas en virtud de mis
Llagas, así te concedo que cada año, el día de tu muerte, vayas al purgatorio y
libres de él, en virtud de tus llagas, todas las almas de tus tres órdenes, y
aún más los que te hubieran sido muy devotos>>
Después
de esto comenzó el calvario de Francisco, le acometieron las enfermedades, le
ataco la ceguera. En otro relato de las Florecillas
se cuenta cómo un doctor tuvo que operar a Francisco de los ojos; y, cómo el
fuego, obediente a Francisco, no le hizo daño durante la operación.
Cuando
llegó el momento de su muerte, San Francisco quiso dar a los frailes una
especial muestra de su amor: mandó traer un pedazo de pan, lo bendijo y ordenó
a todos los frailes presentes comerlo; a ejemplo de Jesucristo, lo último que
quiso hacer Francisco fue cenar con sus frailes para demostrar el amor que les
tenía.
En el
año de 1224 Francisco había ido al monte Alvernia y recibió la estigmatización.
La noche del 3 al 4 de octubre de 1226
murió en una cabaña de la Porciúncula. En el año de 1227 es elegido Papa el
cardenal Hugolino de Hostia, amigo de Francisco, tomando el nombre de Gregorio
IX quien, en 1228, canoniza a Francisco.
Francisco Javier Collí Pinto
collipintofranciscojavier@gmail.com