13 de mayo de 2013

En torno a la Dominus Iesus (II-I)


(continuación) Las creencias de otras religiones se fundan en moralismos y construcciones culturales que responden a las necesidades de los pueblos y su historia, sin embargo, por el poder de Dios, reconocemos que en ellos, Dios también actúa y busca mostrar su amor hacia el hombre a través de ellos; sin embargo, la Fe es la clave, pues es Dios mismo quien nos muestra el camino, el hombre abraza dicho camino y encuentra la Verdad:

La fe, por lo tanto, « don de Dios » y « virtud sobrenatural infundida por Él », implica una doble adhesión: a Dios que revela y a la verdad revelada por él, en virtud de la confianza que se le concede a la persona que la afirma. Por esto « no debemos creer en ningún otro que no sea Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo ».[i]

Vivamos dicha distinción conociendo nuestra Fe y reconociendo lo verdadero y bello de otras religiones, inclusive las que ya no existen pero que dieron signos a la religiosidad, como lo atestiguan  nuestros pueblos latinoamericanos. El Papa nos recuerda en su homilía, que ésa es una forma de “misionar”:

«Misionariedad». Tenéis una misión específica e importante, que es mantener viva la relación entre la fe y las culturas de los pueblos a los que pertenecéis, y lo hacéis a través de la piedad popular. Cuando, por ejemplo, lleváis en procesión el crucifijo con tanta veneración y tanto amor al Señor, no hacéis únicamente un gesto externo; indicáis la centralidad del Misterio Pascual del Señor, de su Pasión, Muerte y Resurrección, que nos ha redimido; e indicáis, primero a vosotros mismos y también a la comunidad, que es necesario seguir a Cristo en el camino concreto de la vida para que nos transforme. Del mismo modo, cuando manifestáis la profunda devoción a la Virgen María, señaláis al más alto logro de la existencia cristiana, a Aquella que por su fe y su obediencia a la voluntad de Dios, así como por la meditación de las palabras y las obras de Jesús, es la perfecta discípula del Señor.[ii]

Acerquémonos más a la Iglesia, conozcámosla, creámosle, vivámosla pues en ella Dios ha puesto el Camino, la Verdad y la Vida, ella nos dio el Credo, en el cual se tiene contenido fundamental de dicha Fe. Así pues una vez abrazando la Fe podremos entender que nuestra misión es evangelizar, ser misioneros de Cristo:

Sed también vosotros auténticos evangelizadores. Que vuestras iniciativas sean «puentes», senderos para llevar a Cristo, para caminar con Él. Y, con este espíritu, estad siempre atentos a la caridad. Cada cristiano y cada comunidad es misionera en la medida en que lleva y vive el Evangelio, y da testimonio del amor de Dios por todos, especialmente por quien se encuentra en dificultad. Sed misioneros del amor y de la ternura de Dios. Sed misioneros de la misericordia de Dios.[iii]

¡Viva Cristo Rey!
José Guillermo Ortiz Hernández
guillermo.ortiz@ccr.org.mx





[i] Ibídem. pt. 7.
[ii] Homilía, pt. 3.
[iii] Homilía, pt. 3..

8 de mayo de 2013

En torno a la Dominus Iesus (I-I)


Con este artículo iniciamos una serie de reflexiones en torno a la declaración "Dominus Iesus, sobre la unicidad y la universalidad  salvífica de Jesucristo y la Iglesia"; declaración a la que creemos necesario volver para reflexionar en este Año de la Fe. Esta primera entrada se titula:

Cristo revelación plena, la fe frente al relativismo y otras religiones


En este VI domingo de Pascua, nuestro Papa Francisco ha hecho un recordatorio de lo que es esencial, fundamental, propio, del ser cristiano: creer en Jesucristo, muerto y resucitado por nuestros pecados, y amarse unos a otros como Él nos ha amado[i]Enmarcados por el año de la Fe, es importante que sigamos reflexionando y creciendo en este don divino,  en este gran Misterio, en la puerta a la vida eterna: La Fe. SS Francisco nos habla de la necesidad del discernimiento para distinguir lo esencial como seguidores de Cristo, así, la primera lectura del domingo pasado (Hechos de los Apóstoles 15, 1-2.22-29) nos recuerda el primer “concilio” realizado en la Iglesia; este ejercicio racional, para distinguir qué es lo que verdaderamente Dios quiere, implica discusión, reflexión y mucha oración; sin embargo, llega el momento de actuar, pues lo importante del mensaje de Dios es que tengamos vida y la tengamos en abundancia (cfr. Jn 10,10), así que hay que buscar respuestas y actuar ¿dónde?, nuestro querido Papa nos da la clave: las dificultades no se superaron fuera, sino dentro de la Iglesia[ii]tal cual como Pablo y Bernabé recurrieron a los Apóstoles para aclarar la doctrina y universalidad de la salvación que Cristo trajo al mundo.


La Iglesia durante los siglos se ha dejado guiar por el Espíritu Santo pero siempre ha estado formada por piedras vivas, hombres y mujeres, que han discernido y puesto en acción lo que Dios quiere para construir su Reino y llevar a la plenitud a todos los hombres. Este camino es la Tradición y su expresión más concreta es el Magisterio, que son las enseñanzas que guían al pueblo de Dios a comprender la Fe y son frutos de los concilios, producto de las reflexiones del Papa y de los Obispos en comunión con él, durante la vida de la Iglesia. Así que para encontrar a Dios y conocer qué es lo que quiere de mí, el camino seguro es seguir a la Iglesia en su Magisterio.

“Amad a la Iglesia. Dejaos guiar por ella” [iii] es el grito que el Papa nos hace para responder a una civilización que se aleja más y más de Dios y en al que el “relativismo” se vuelve la nueva deidad y único “magisterio” para encontrar la paz personal y social. En medio de esta cultura, donde todo es válido, el falso ecumenismo, el eclecticismo, el “new age”, entre otros factores, minan la fe y el camino para encontrar a Dios se hace más confuso, principalmente para nosotros los jóvenes, y se hace pesada la búsqueda del sentido de nuestra existencia: La vocación que tiene Dios para nosotros y el diálogo interreligioso se usa como pretexto para invalidar la religión cristiana e inclusive para ridiculizar a cualquier expresión religiosa.

Ahora se expondrá un punto del documento denominado “Dominus Iesus” (que forma parte del Magisterio, pues es una declaración de la congregación para la doctrina de la Fe y avalado por el Papa Juan Pablo II), donde el Cardenal Joseph Ratzinger busca exponer la doctrina de la fe católica frente al diálogo interreligioso, el cual, si no es sincero en cuanto a la búsqueda del verdadero Dios, pone en peligro de relativismos y de falsificación al mensaje esencial de Cristo (expresado en el primer párrafo de este escrito).

Una tendencia que se tiene, por la mentalidad relativista de filósofos y teólogos, es la de negar o poner en duda el carácter definitivo y completo de la revelación de Jesucristo; es decir, algunos afirman que Jesús fue un buen hombre, uno más entre nosotros, que enseñó cosas importantes pero que está en sintonía con otros maestros de la humanidad: Buda, Mahoma, etc. Lo bueno sería aprender de todos y formar una “religión” a la medida de los tiempos y las circunstancias. Pero ¿Esto es realmente lo que Jesús enseñó? Ciertamente no.

La respuesta, como hemos dicho, está en Jesús que nos dice: «Yo soy el camino, la verdad y la vida » (cf. Jn 14,6), « Nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar » (Mt 11,27). « A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha revelado » (Jn 1,18); « porque en él reside toda la Plenitud de la Divinidad corporalmente » (Col 2,9-10). La Iglesia, fiel a su misión, mantiene esto como dato de Fe, como factor esencial del ser verdadero cristiano. Dios se revela en Jesús y con Él se conoce, no completamente pero si definidamente, quién y cómo es Dios. Así que no hay que seguir buscando a Dios en el universo, Dios ya se manifestó concretamente al hombre para saciar su sed de infinito.

Para tener un sincero diálogo interreligioso cito el documento y tengamos en cuenta una importante distinción: La diferencia entre fe y creencia:

Debe ser,  firmemente retenida la distinción entre la fe teologal y la creencia en las otras religiones. Si la fe es la acogida en la gracia de la verdad revelada, que « permite penetrar en el misterio, favoreciendo su comprensión coherente », la creencia en las otras religiones es esa totalidad de experiencia y pensamiento que constituyen los tesoros humanos de sabiduría y religiosidad, que el hombre, en su búsqueda de la verdad, ha ideado y creado en su referencia a lo Divino y al Absoluto.[iv]

La Fe no es creada, ideada por uno o varios hombres, la Fe nos es dada por Dios en Jesús y la vamos viviendo por la Acción del Espíritu Santo en nosotros. Esto se hace concreto en el discernimiento y guía que la Iglesia, y su Magisterio, nos otorgan. Por lo tanto es la misma Fe que Jesús enseñó a los apóstoles la que nos alimenta y nos orienta a encontrar a Dios. El hombre de hoy busca respuestas sobre las problemáticas actuales, debemos ser obedientes y creyentes en que en la Iglesia está la Fe y dentro de ella hay que buscar esas respuestas a los problemas de Hoy.

Esto no quiere decir que las otras religiones estén erradas totalmente y están condenadas por no encontrar al verdadero Dios, sino que la Iglesia nos dice:

«La Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y las doctrinas, que, por más que discrepen en mucho de lo que ella profesa y enseña, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres ».[v]



(continúa...)
guillermo.ortiz@ccr.org.mx






[i] SS Francisco, Homilía del VI domingo de Pascua (santa misa con ocasión de la jornada de las cofradías y de la piedad popular), 5 de mayo de 2013, disponible: (http://www.vatican.va/holy_father/francesco/homilies/2013/documents/papa-francesco_20130505_omelia-confraternite_sp.html), pt.2.
[ii] Ibídem.
[iii] Ibídem.
[iv] Congregación para la Doctrina de la Fe, declaración “Dominus Iesus” sobre la unicidad y la universalidad salvífica de Jesucristo y de la iglesia, 6 de agosto del 2000, disponible: (http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20000806_dominus-iesus_lt.html), pt. 7.
[v] Ibídem. pt. 2.

2 de mayo de 2013

Y después de la Pascua... ¿qué?

Hemos recorrido un tiempo litúrgico dentro de la Iglesia que nos ha exigido austeridad, reflexión, un tiempo en cual nosotros los cristianos hemos tenido que abandonarnos en un camino de desierto que ha durado 40 días, esto  para fortalecer nuestro espíritu, como lo hizo Jesús. Esto ya nos encaminaba y ayudaba para vivir con profundo recogimiento la semana santa, vivir y sufrir realmente la pasión y alegrarnos con la resurrección de nuestro Señor. A quedado atrás la semana santa, temporalmente hablando, pues ese tiempo fuerte de reflexión que la Iglesia nos ofrece, es algo que debe seguir en la vida de la Iglesia y no quedarse sólo como religiosidad popular; aunque quizás para muchos la semana santa signifique eso. 
La Iglesia tiene una vocación que perdura toda la vida, la vocación a la santidad, y ésta se da siempre con la Evangelización.

Respecto a ello, recordemos el mandato misionero: <<La Iglesia, enviada por Dios a las  gentes para ser “sacramento universal de salvación”, por exigencia intima de su misma catolicidad, obedeciendo al mandato de su Fundador, se esfuerza por anunciar el Evangelio a todos los hombres…>> CIC 849.  Después de que Jesús pasó  de la muerte a la vida  y venció el pecado  en la cruz, se les apareció a sus discípulos diciéndoles: <<Id por todo el mundo y proclamad la buena noticia a toda criatura>> (Mc. 16,15) ésta  es la misión que nosotros tenemos como miembros de la Iglesia. El ir a evangelizar está en la naturaleza de la Iglesia, es un compromiso que, como miembros del cuerpo místico de Jesús, debemos tener. Como bautizados nos es ilícito quedarnos de brazos cruzados, sin hacer nada, sin llevar la buena nueva aquellos que más lo necesitan. La resurrección de nuestro Señor nos invita a que vayamos y demos testimonio del gozo que nos trae el paso que Jesús dio de las tinieblas a la luz: <<…sabed que yo  estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo>> ( Mt 28, 19-20). En efecto, parte fundamental de la misión de la Iglesia es saber que Dios está vivo, que no se quedó clavado en la cruz, sino que ha resucitado para dar fortaleza a la fe de la Iglesia… ¡Él ha resucitado! Y en base s eso la Iglesia debe emprender el camino, debe de despertar e ir anunciando la buena noticia, sin temor y sin vergüenza, con la plena certeza de que Dios ha querido padecer por nosotros, ha querido entregar su vida para expiación de nuestros pecados y posteriormente ha querido desatar las cadenas de la muerte con su resurrección… debemos anunciar la Pascua a todo hombre pues es fundamento de nosotros, los católicos.

La misión de la Iglesia se fundamenta en la misión de Jesús como enviado del Padre para la liberación de la humanidad. A ejemplo de Jesús la Iglesia debe seguir sus huellas: así como Dios Padre en su plan de salvación mando a su Hijo para rescate de todos, así cada integrante de la Iglesia es signo de salvación para otros que siguen viviendo en tinieblas. Con esto nos damos cuenta de que la Iglesia tiene una gran vocación que es el Evangelizar. Ella está en su naturaleza pues su origen se da en la misión del Hijo y en la del Espíritu Santo, de acuerdo con el plan de Dios Padre. <<El fin último de la misión no es otro que hacer participar a los hombres en la comunión que existe entre el Padre y el Hijo en su espíritu de amor>> (Juan Pablo II carta. Enc. Redemptoris missio.)

San Pablo nos expresa muy bien en que consiste esta buena noticia, cuando afirma: <<Pues no me avergüenzo del Evangelio, que es fuerza de Dios para que se salve todo el que cree, tanto si es judío como si no lo es. Porque en él se manifiesta la fuerza salvadora de Dios a través de una fe en continuo crecimiento, como dice la Escritura -quien alcance la salvación por la fe, ese vivirá>> (Rom 1,16-17). La Buena Noticia no consiste puramente en un mensaje intelectual, sino que es un acontecimiento salvífico, en fuerza de Dios para salvar a todo el que cree. Esta fuerza de Dios se manifiesta en Jesús de Nazaret, en sus palabras en sus signos, en su muerte y resurrección. El Evangelio, es la persona misma de Jesucristo. La persona de Jesús se identifica con el Reino.


Por lo tanto, la evangelización es la misión que como vocación tiene la Iglesia y que consiste en anunciar a Jesucristo: su vida, sus obras, su muerte y su resurrección.



josemanuel.hernandez@ccr.org.mx

26 de abril de 2013

San Francisco de Asís (II)


2- El mandato a reconstruir la Iglesia
En sueños, Dios le manifestó a Francisco su vocación. <<Ve y reconstruye mi iglesia>>, esas fueron las palabras que Dios dirigió a Francisco. ¿Qué podría hacer un hombre tan pequeño, un mendigo? Francisco, malinterpretando las palabras de Dios, tomo la decisión de reconstruir la Iglesia de San Damián; después del juicio, él comprendió que no era esa la voluntad de Dios… sino que Dios le pedía que, con su ejemplo de vida, con la nueva orden que Dios le mandaba fundar, era como debía reconstruir la Iglesia. El Papa Inocencio III, en el primer encuentro que tuvo con Francisco, lo mandó echar del palacio de Letrán; pero esa misma noche, Inocencio III tuvo un sueño, vió la Basílica de Letrán peligrosamente inclinada, era inevitable que se cayera; pero alguien había ahí que la detenía, la enderezaba, un hombrecillo vestido con un sayal parduzco, él sabía que lo había visto antes.
El Papa comprendió que Francisco, con su nueva regla, era el enviado por Dios para reconstruir la Iglesia. Al siguiente encuentro que tuvieron, el Vicario de Cristo, entrevistó a Francisco, y al final de la entrevista, su regla fue aprobada. Francisco había logrado que el Sumo Pontífice reconociera su regla, aprobara su predicación, y que su comunidad pudiera vivir tal como él quería.
A esta misión se sumó santa Clara, a quien Francisco conquistó con su ejemplo de vida, ella fue la fundadora de las “damas pobres”, era así como la gente las conocía. Mujeres que comenzaron a vivir en conventos bajo la misma regla de Francisco, que con su gran testimonio también contribuyeron a la renovación de la Iglesia.
Las “Florecillas” narran muchos grandes acontecimientos, que Francisco logró con su santidad y su prédica, acontecimientos que contribuyeron a la renovación de la Iglesia. Aunque su más grande obra es la misma fundación de su orden, ya que de la orden salieron grandes santos como Antonio de Padua, Maximiliano Kolbe, Buenaventura, Felipe de Jesús, Pío de Pietrelcina, entre otros… Santos que con su ejemplo hicieron un gran cambio al mundo, aunque ya el mismo Francisco hizo grandes maravillas, como se narra en las “Florecillas”: la curación de un leproso en cuerpo y alma, la conversión de algunos ladrones, la conversión de muchos ricos que abandonaron todo y se unieron a la orden, el sermón a las avecillas, la prédica que hizo al sultán Al-kamil y su viaje a Tierra Santa, sólo por mencionar algunos ejemplos. La santidad de Francisco ha producido, y seguirá produciendo en la Iglesia innumerables frutos.
 3- Su identificación con la Cruz.
Se dice que la vida de un santo es la perfecta imitación de la vida de Nuestro Señor Jesucristo. A través de la historia la Iglesia ha tenido muchos santos, uno de los más recordados es san Francisco de Asís. Su vida fue una perfecta imitación de Cristo, él fue realmente un vitral por el que la luz de Nuestro Señor paso claramente, cuando la gente lo miraba no podía hacer otra cosa que rendir honor al Señor por las maravillas que había obrado en Francisco. Francisco fue un gran imitador de Cristo a tal grado que lo siguió por el camino de la Cruz; pues él sabía perfectamente que la única manera de llegar a la gloria es a través de la Cruz, la Cruz de Cristo.
Como diría san Agustín: Nadie ama lo que sufre, aunque ame el sufrirlo. Francisco era feliz con la pobreza, sí, pero no por eso no sufría; él amaba el sufrir por Cristo. Por eso es que sus sufrimientos tenían sentido, él vivía con los ojos puestos en la Cruz.
Desde el momento en que sus compañeros creyeron que era un cobarde por regresar a Asís y abandonar la guerra, sus sufrimientos comenzaron. Encontraba la incomprensión de sus amigos, ellos no entendían que hacer la voluntad de Dios no es nada fácil y muchas veces trae el rechazo de los hombres; pero esto no le importó a Francisco. Al aceptar su amor por la dama pobreza, le trajo más rechazo de la gente, sus mismos hermanos muchas veces no le comprendieron; Francisco sufrió mucho cuando tuvo que modificar su regla porque no todos en la orden podían vivir el género de vida que la regla imponía, pero por el bien de sus hermanos tuvo que hacerlo. Francisco vivió como Cristo, con respeto a las autoridades, tanto eclesiales como civiles, claro ejemplo de esto es la necesidad, que Francisco tenía, de la aprobación del Papa para poder vivir su regla. También en su viaje a Tierra Santa respetó la autoridad del Sultán Al-Kamil, a quien pidió permiso de poder visitar los lugares sagrados y de evangelizar sus tierras; se dice que el Sultán se convirtió al cristianismo, pero por cuestiones políticas éste no se hizo bautizar. A Francisco no le importó si hubiera sido necesario derramar su sangre para poder hablar con el Sultán, y la conversión del mismo no la logró sólo argumentos, sino con su testimonio y coherencia de vida, su disposición al martirio por amor a Cristo. Incluso, a su regreso, Francisco dijo a Fray Elías: << ¿Acaso un argumento puede hacer crecer el amor? >>
Francisco supo llevar a término todos estos sufrimientos, soportó todo con alegría, y tuvo su gran culmen en el monte Alvernia: la estigmatización, las cinco llagas de Nuestro Señor Jesucristo se imprimieron en su piel. Francisco tuvo una aparición seráfica, Cristo mismo fue quien se apareció a Francisco, fue Él mismo quien otorgó sus llagas al pobrecillo de Asís y dio algunas promesas a Francisco. Según se narra en las Florecillas, Jesús dijo: <<como yo bajé al limbo el día de mi muerte y saqué de él a todas las almas en virtud de mis Llagas, así te concedo que cada año, el día de tu muerte, vayas al purgatorio y libres de él, en virtud de tus llagas, todas las almas de tus tres órdenes, y aún más los que te hubieran sido muy devotos>>
Después de esto comenzó el calvario de Francisco, le acometieron las enfermedades, le ataco la ceguera. En otro relato de las Florecillas se cuenta cómo un doctor tuvo que operar a Francisco de los ojos; y, cómo el fuego, obediente a Francisco, no le hizo daño durante la operación.
Cuando llegó el momento de su muerte, San Francisco quiso dar a los frailes una especial muestra de su amor: mandó traer un pedazo de pan, lo bendijo y ordenó a todos los frailes presentes comerlo; a ejemplo de Jesucristo, lo último que quiso hacer Francisco fue cenar con sus frailes para demostrar el amor que les tenía.
En el año de 1224 Francisco había ido al monte Alvernia y recibió la estigmatización. La noche del 3 al 4 de octubre  de 1226 murió en una cabaña de la Porciúncula. En el año de 1227 es elegido Papa el cardenal Hugolino de Hostia, amigo de Francisco, tomando el nombre de Gregorio IX quien, en 1228, canoniza a Francisco.

Francisco Javier Collí Pinto
collipintofranciscojavier@gmail.com

21 de abril de 2013

San Francisco de Asís (I)


Hacia 1811 o 1812 nació Francisco Bernardone, hijo de Pedro Bernardone, rico, comerciante de paños. La juventud de Francisco, como toda su vida, está llena de una alegría característica. Francisco era un joven rico, tenía sueños de grandeza, quería triunfar y obtener renombre… un joven como cualquier otro.
Durante la guerra entre Perusa y Asís, Francisco se enlistó para participar en la batalla, y de esta manera comenzar a ganar renombre. Durante la batalla, fue hecho prisionero; después de que se firmó la paz entre Perusa y Asís, los prisioneros regresaron a su hogar, de manera que Francisco también recuperó su libertad.
Pero Francisco, terco, con el mismo ideal de obtener renombre, partió de nuevo a la guerra. Esta vez combatiría en Apulia,  contra las tropas del emperador Felipe de Suabia, pero Dios tenía planes diferentes para él...
Nos centraremos en los tres aspectos más importantes del llamado que Dios le hizo al pobrecillo de Asís: su pobreza, el mandato a reconstruir la Iglesia y su identificación con la Cruz.
1- Su pobreza
Francisco, al partir por segunda vez a la guerra, cayó enfermo, y en un sueño escuchó una voz que le dijo que regresara a Asís. Al momento de entrar en la ciudad, sintió una mejoría e incluso  se dio cuenta de que nunca había estado tan sano. Éste fue el primer momento en que Dios le manifestó su voluntad: Dios no quería que Francisco fuera grande (al modo de los hombres o del mundo), sino que fuera grande (a la manera de Dios), que fuera “el menor de los hermanos menores”.
A su regreso, tuvo muchas experiencias con la pobreza; y así comenzó a sentir mucha compasión por los pobres, dándose cuenta de que Jesús se refería especialmente a ellos cuando dijo en el Evangelio: “todo lo que hicisteis a estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis”(Mt 25, 40). Efectivamente, aunque Francisco tenía miedo, aunque su padre no lo comprendía, aunque la sociedad lo trataba como un loco… él comprendió que estaba enamorado, estaba enamorado de la dama más hermosa que hubiera visto: una mujer hermosa vestida con una túnica gris, a la que sólo había visto en sueños, pero que comprendía se trataba de la dama pobreza. Ella era su novia, su amada, su adorata.
Francisco sabía que la dama pobreza no se dejaba cortejar fácilmente, ni admitía valiosos regalos de oro y de plata; para ser digno de ella tenía que hacer grandes hazañas, más grande que ganar torneos de caballeros, cosas que nadie osaba hacer…
Y así, el Poberello adoptó la vida de mendigo, por lo cual tuvo muchos problemas con su padre, al vender las telas sin su permiso para reconstruir la Iglesia de San Damián. Louis de Whol, en su libro “El mendigo alegre” narra la hermosa escena del juicio de Francisco.
Francisco, al ser demandado por su padre para que regresara todo lo que era suyo, se despojó durante el juicio de todas las vestiduras que traía puestas para demostrarle a su papá que no necesitaba de nada material y exclamó:  <<antes llamaba padre a Pedro Bernardone, pero de ahora en adelante solo diré “Padre nuestro que estás en los cielos”>> y Dios sería quien cuidaría todas sus necesidades. Al instante de quedar desnudo, la gente notó que debajo de su túnica tenía una camisa, una camisa hecha de clavos; el obispo, conmovido, le dijo a Pedro Bernardone que tomara todas sus pertenencias y se fuera, y, levantándose de su lugar, cubrió con su manto al pobrecillo Francisco y le dijo en secreto: <<el tabernáculo debe estar cubierto por un velo>>
Desde ese momento, la vida de Francisco adquirió cierta ligereza, se vio librado de cualquier obligación para con su padre, ya por fin podía desposarse en plenitud con su amada, la hermosa dama de túnica gris, la dama pobreza.
Las “Florecillas” tienen muchos relatos de la heroica pobreza que vivió Francisco a partir de ese momento: comenzó a usar el hábito parduzco que luego se convertiría en el característico de su orden, y que, incluso, como narran en las florecillas, regalaba a quien se lo pidiera. Comenzó la gran leyenda del “menor de los hermanos menores”, el  “mendigo alegre”, y con esa gran alegría que lo caracterizaba fue que convenció a otros de seguirle. Esa perseverancia y amor por Dios le logró que su regla fuera aprobada por el Papa Inocencio III, quien dijo de él: <<Quisiera que ese hombre estuviera conmigo en la hora de mi muerte>>,
(continúa...)

Francisco Javier Collí Pinto
collipintofranciscojavier@gmail.com

17 de abril de 2013

La misión del apóstol de Cristo a partir del testimonio de San Pablo (II)


(...continuación) El apóstol no desfallece en su trabajo porque los demás reciban la gracia para gloria de Dios, aun cuando en el exterior sufre tribulación ,en el interior sigue siendo renovado (4,15-16); su carta de recomendación son siempre sus feligreses, ya que en ellos ve reflejado y grabado en sus corazones el amor de Cristo por obra del Espíritu de Dios vivo (3,1-3); por sus fieles es sensato, solo pierde el juicio por la causa de Dios pues el amor de Cristo lo apremia (5,13-14); es cooperador de Cristo y exhorta a los fieles a que no reciban la gracia de Dios en vano (6,1); habla con toda franqueza y abre su corazón de par en par a sus fieles y los cierra, los tiene como a sus hijos en el espíritu (6,11); es celoso de ellos con celos de Dios (11,1); no les es gravoso y lo evita (11,9). 

El apóstol está siempre de buen ánimo y busca agradar a Dios en todo (5,6-9); conociendo el temor del Señor trata de persuadir a los hombres en lo que se refiere a Dios (5,11); Cristo le concedió el ministerio de la reconciliación (5,18); es embajador de Cristo y Dios exhorta por su medio (5,20); no da ocasión de tropiezo a nadie, se reconoce a sí mismo como ministro de Dios y tiene mucha constancia en las tribulaciones, necesidades y angustias, en los azotes, las cárceles y las sediciones, en las fatigas, los desvelos y los ayunos, es constante en pureza, ciencia, paciencia y bondad, en el Espíritu Santo y en caridad sincera, en la palabra de verdad y en el poder de Dios mediante las armas de la justicia, tanto en la gloria como en la ignominia, tanto en la calumnia como en la buena fama, dice san Pablo «nos tienen por impostores, aunque somos veraces; por desconocidos, aunque nos conocen bien; por moribundos, aunque estamos vivos; por castigados, aunque no condenados a muerte; por gente triste, aunque estamos siempre alegres; por pobres, aunque enriquecemos a muchos», como quien nada tiene pero todo lo posee (6,3-10); a nadie han ofendido, a nadie han arruinado, a nadie han explotado (7,2); tiene el espíritu de fe y cree firmemente que el Padre nos resucitará junto con su Hijo Jesús y nos llevará a su presencia (4,13-14).

El apóstol ha de ser humilde, atrevido y ha de estar dispuesto a castigar toda desobediencia (10,1.6.); no ha de obrar sin sentido ni medirse a sí mismo según su propia opinión sino con la norma de Dios, no ha de compararse consigo mismo ni gloriarse desmesuradamente a costa del trabajo de los demás, ha de recibir su engrandecimiento en el crecimiento de la fe de sus fieles; ha de extender el Evangelio a todas partes; el apóstol de Cristo ha de gloriarse no en otra cosa sino en la cruz de Cristo (10,12-13.15-17), ha de reconocer sus propias flaquezas para que se manifieste en él la fuerza de Cristo, porque sólo la gracia de Cristo le basta (12,5.8-9).

Esta recopilación de los puntos del ministerio de Pablo, son una riqueza grande para la Iglesia, entendiendo también el contexto en el que fueron escritos. El sentido profundo que nos descubre acerca de la gran misión que tiene quien es apóstol de Jesucristo, nos motiva y nos impulsa a seguir dedicando cada día nuestra vida a Dios. Recomiendo leer directamente las citas del texto tratando de buscar aquellos elementos que justamente llamen la atención para poder meditarlos en lo personal y así poder también asimilarlos en el propio papel que tenemos, por el bautismo, de ser apóstoles de Cristo, y en función de nuestro apostolado.

¡Viva Cristo Rey! 

sergio.alba@ccr.org.mx

13 de abril de 2013

A un mes de la elección...


Hace más de dos meses, el once de febrero, recibíamos una noticia que nos conmocionó, pero no solo a nosotros como católicos, sino al mundo entero; una de las personalidades más importantes había realizado un acto que en la vida de la Iglesia hacía mucho tiempo que no sucedía: el Papa Benedicto XVI renunciaba al ministerio petrino, a causa de su avanzada edad y por la falta del vigor necesario para guiar la barca de Pedro que es la Iglesia. Por muchos fue considerado un gesto de huida y negación de la cruz, para otros un gesto de verdadera preocupación por la Iglesia y de un coraje excepcional.

Benedicto XVI anunciaba ya desde entonces que la Cátedra de Pedro estaría vacante a partir del 28 de febrero de este año, por lo que debía prepararse la reunión que tienen los Cardenales cuando no hay Papa que dirija la Iglesia y que llamamos Cónclave, es decir “con llave”; una reunión a puerta cerrada donde los Cardenales deciden quién será el nuevo Papa. El tiempo que transcurrió, desde la renuncia de Benedicto hasta el inicio del Cónclave fue un tiempo para nada fácil, fue el momento en que se aprovechó para hacer las más duras críticas al Papa emérito Benedicto, el momento de atacar a la Iglesia, el momento en el que no hay Pastor, del mismo modo se atacó a los Cardenales, se publicó una lista de doce cardenales culpables, supuestamente, en los delitos de pederastia. Fueron momentos de duros ataques. Las miradas del mundo entero posaban sobre la “frágil” barca bimilenaria de Pedro. Sin embargo, a pesar de los ataques y las duras críticas, una vez más la Iglesia, como ya lo decía Benedicto XVI en su último mensaje, muestra su vitalidad y su fuerza ante un mundo contrario. La Iglesia se unía en oración y gestos de apoyo, para con Benedicto XVI y ya preparaba con gran interés el corazón a la llegada del nuevo Pastor de la Iglesia. Los Cardenales mostraban su unión, no se dejaron llevar por los comentarios. Entraban uno a uno a la memorable Capilla Sixtina bajo la mirada misericordiosa de Jesucristo, Juez universal, y de su Madre Santísima, acompañados de la oración incesante de los fieles. Uno de los momentos más intensos de estos últimos meses. La Iglesia entera estaba en espera, en oración, pidiendo por un Pastor que los guiara y los acompañase en el duro camino de la cruz, hacia la resurrección de la Pascua eterna. Fue entonces en el quinto escrutinio cuando los gritos de júbilo no se hicieron esperar, después de una “fumata” blanca que nos decía: “nuestras oraciones han sido escuchadas”, momentos en los que la universalidad de la Iglesia era palpable, personas de todas partes del mundo, reunidas en la plaza de San Pedro estaban deseosos de recibir la bendición de su nuevo Papa, no menos de lo que millones de personas en todo el mundo a través de los distintos medios de comunicación lo esperaban. Es en esos momentos en los que nos podemos dar cuenta de lo hermosa que es la Iglesia, y del hecho de que somos parte de ella, el Cónclave lo vivimos todos, de una manera u otra, el Cónclave es de la Iglesia entera, en él participan los Cardenales y también nosotros como fieles. Hemos recibido un nuevo pastor y guía: Francisco. El mundo pudo ver la unión y belleza de la Iglesia, de lo viva que está, aun a pesar de dos mil años de historia. La Iglesia es “antigua y siempre nueva”. 

A un mes de la elección, permanezcamos unidos alrededor de Cristo junto con nuestro pastor el papa Francisco.

¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!


Orlando Porta CCR

10 de abril de 2013

Misiones de Semana Santa: su centro es la cruz que lleva a la Resurrección


En la semana santa se acostumbra ir de vacaciones, muchas personas asisten a diferentes partes del mundo o del país para descansar unos días. Esto es muy loable, porque el hombre también necesita del descanso. Pero también hay diferentes maneras de descansar y sobre todo de vivir los días santos. En esta semana santa muchos católicos fuimos a misionar en lugar de ir de vacaciones a algún lugar. El vivir la misión también es una forma de descansar, de descansar en el Señor. Otros católicos asistieron a las preparaciones para vivir el triduo pascual y los oficios del jueves, viernes y sábado santo en su parroquia. Y así también descansaron en el Señor.

El centro del año litúrgico se da en estos días en los que nos preparamos para vivir el triduo pascual desde el tiempo de Cuaresma. En el tiempo de Cuaresma preparamos nuestra alma para tener un encuentro con Cristo a través de la oración, el ayuno y la limosna. La Cuaresma culmina con el inicio de la Pascua: de la pasión y muerte de Cristo pasamos a la resurrección; del hombre viejo pasamos al hombre nuevo; del antiguo yo pasamos al nuevo yo.

En la misión, muchos jóvenes de manera entusiasmada asistimos a predicar el Evangelio desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección. En esa semana se realizaron actividades como lo es el dar pláticas de catecismo y reflexiones acerca de nuestra fe a niños, jóvenes y adultos; celebraciones de la palabra; rezo del Santo Rosario; visiteo a las casas para invitar a la gente a vivir su fe y a reactivarla; y la vivencia propia de los oficios del triduo pascual.

Cuando se va de misión, se viven días de profunda gracia en donde tanto misioneros como los que reciben la misión somos edificados en la unidad de la Iglesia, en la fe que profesamos. Por lo mismo, se aprende tanto por parte de los misioneros como por parte de los que reciben la evangelización. En ambos casos, la fe de nosotros como creyentes se perfecciona al recibirse y compartirse en la comunión de la Iglesia. El ir de misión es una de las formas más fuertes de vivir la fe y de tener un encuentro con Cristo, porque no sólo se predica si no que se intenta poner por obra aquello que se predica en la caridad. La fe con obras es una fe viva que transmite al Cristo vivo muerto y resucitado.

Durante la semana santa Dios derrama sus gracias para vivir el núcleo fundamental de nuestra fe: el Triduo Pascual. El jueves santo se recuerda la institución de la Eucaristía, la institución del sacerdocio y la caridad; gracias a la última cena que celebró Cristo con sus discípulos. Generalmente este día se realiza una representación de la última cena y dentro de la celebración de la Misa se hace el lavatorio de pies. También el jueves santo se celebra la Misa Crismal, donde se consagran los santos óleos y los presbíteros recuerdan la institución del sacerdocio renovando sus promesas sacerdotales. El viernes santo es el día que se vive más intensamente la pasión y muerte de Cristo. Se realiza el Via crucis (camino de la Cruz); la celebración de la pasión del Señor; el Santo Rosario de pésame a la Virgen Dolorosa; la procesión del silencio; y la meditación  de las siete palabras, cuando Cristo estuvo en la Cruz. Es de notarse que este día se vive la austeridad completa en la Liturgia, que se manifiesta en el templo, y no se celebra la Santa Misa, sólo la celebración de la palabra de la pasión del Señor. Este día no hay Misa debido a que Cristo a muerto y estamos de luto. El sábado santo se hace la celebración de la Santa Misa en la Vigilia Pascual que se da en la noche. Esta celebración es el paso de la muerte de Cristo a la resurrección de Cristo, es por ello que la austeridad anterior de la Liturgia es restablecida en esta celebración.

El centro de la semana santa es la cruz de Cristo, donde Él nos redime, nos salva y nos da la economía sacramental, es decir, nos da su gracia a través de su Pasión y muerte que se desarrollan en el madero de la cruz. Pero esta cruz sin resurrección no tendría sentido. Es por ello que San Pablo nos dice que vana sería nuestra fe sin la resurrección de Cristo. De todo ello se deriva la importancia del triduo pascual para nosotros como católicos. La Pascua es más importante que la Navidad, porque la Navidad nos trae a Cristo en su nacimiento, pero eso es sólo el comienzo; donde verdaderamente se cumple la misión de Jesús es en la pasión, muerte y resurrección, es decir, en la Pascua que nosotros como católicos celebramos en estos días santos.

Vivamos estos días de Pascua tan importantes para nuestra fe.

¡Felices Pascuas de Resurrección!

Pablo Rubén Ruiz Cascajares CCR
pabloccr2003@gmail.com